Ivan vio a una pequeña sola en la vía y como no tenía hogar la adoptó, ahora ella es feliz

Debo confesar que mientras escribo estas líneas, tengo lágrimas en los ojos porque siempre ver a un niño o a un ser indefenso sufrir la injusticia de seres humanos egoístas que en vez de cuidarlos los tienen en condiciones de hambre, padecimiento y violencia, hace que un dolor profundo atraviese mi corazón.

Cuando uno se acerca a un niño que se encuentra en una situación desfavorable, sobresale de inmediato que todo lo que anhela en el mundo ese pequeño ser, es tener lo básico. Ellos no están pensando en tener el último juego de Play Station o el smartphone de última generación, ellos lo único que quieren es comerse un pan, dormir en una cama calientita y que alguien los ame. Sólo eso, algo que muchas veces damos por hecho, que pareciera no tener importancia alguna, porque siempre ha estado allí para nosotros, pero para alguien que no tiene absolutamente nada y que lo único que recibe es dolor, violencia y maltrato, tener un hogar lo es todo en el mundo.
Y todos los niños, todos, sin ninguna excepción, deberían tenerlo, todos merecen crecer felices rodeados de lo que se necesita para vivir. Este caso me conmovió porque lejos de ese ideal hay niños allí afuera, por todo el mundo, sufriendo hambre, dolor y necesidad.

Esta historia comienza con un hombre llamado Ivan Razumov manejando en el año 2015 por una autopista de Bielorrusia camino a su casa luego de una ardua jornada laboral. Él iba inmerso en sus pensamientos cuando a un lado del camino algo llamó su atención, algo completamente fuera de lo común en ese desolado paisaje, vio a una niñita de más o menos cuatro años de edad corriendo con esfuerzo. Era la situación perfecta para alguien que viviera al acecho de una presa fácil, de una potencial víctima.

Pero Ivan no era ese tipo de personas, afortunadamente, no era un maníaco abusador a quien la niña le hubiera parecido la víctima perfecta.

No, se trataba de un buen hombre que de inmediato se preguntó porqué una pequeña se encontraba sola corriendo al lado de una autopista y en vez de hacer lo que todos los demás hacían, actuar con indiferencia y seguir su camino, detuvo su auto y se bajó a hablar con la niña. Se acercó y le preguntó porqué estaba allí. Ella un poco molesta y prevenida le contestó que iba por un helado. Ivan no entendía bien la situación y por ello decidió seguir indagando, le preguntó cómo se llamaba a lo que ella contestó: “Zhenya… Fedorovich… Vladimirovna”. Él se sonrió por su respuesta pausada pero asertiva y le ofreció un poco de agua.
Claramente la niña estaba en malas condiciones, era muy delgada, tenía la cara y la ropa sucia y su pelito muy descuidado. En ese momento el hombre comenzó a darse cuenta que detrás de esa pequeña había un gran drama. La niña le dijo que llevaba corriendo más de dos horas, que se había caído y le mostró su bracito lastimado.

Le contó que sus padres estaban dormidos en casa y que ella ya no soportaba más el hambre y la sed y que por eso había salido para intentar llegar al pueblo más cercano y conseguir allí un helado. Eso era todo lo que la chiquita quería, un simple helado.
A Ivan le conmovió mucho su historia y verla en ese estado lamentable por lo que llamó a servicios sociales e informó la situación. Al cabo de un buen rato dos funcionarios llegaron y se llevaron a Zhenya al hospital.

El equipo de servicio social que atendió el caso logró dar con la ubicación de la casa de la niña que estaba a más de 15 kilómetros de distancia del punto donde fue hallada por Ivan. Cuando llegaron al lugar el panorama que encontraron era horrible.

La casa estaba en pésimas condiciones de mantenimiento y salubridad y en su interior se encontraban ambos padres de la niña, estaban completamente borrachos e inconscientes, incapaces de hablar e incluso de notar la presencia de personas extrañas…

Intentaron comunicarles que su hija había sido hallada por un extraño, caminando por la autopista y que actualmente se encontraba hospitalizada. Todo fue inútil, estos dos irresponsables les importaba poco la vida de su hija, sólo vivían para alimentar sus vicios y degeneración. Finalmente, servicio social estableció que eran unos incapaces.
Cuando uno se acerca a un niño que se encuentra en una situación desfavorable, sobresale de inmediato que todo lo que anhela en el mundo ese pequeño ser, es tener lo básico. Ellos no están pensando en tener el último juego de Play Station o el smartphone de última generación, ellos lo único que quieren es comerse un pan, dormir en una cama calientita y que alguien los ame. Sólo eso, algo que muchas veces damos por hecho, que pareciera no tener importancia alguna, porque siempre ha estado allí para nosotros, pero para alguien que no tiene absolutamente nada y que lo único que recibe es dolor, violencia y maltrato, tener un hogar lo es todo en el mundo.

Y todos los niños, todos, sin ninguna excepción, deberían tenerlo, todos merecen crecer felices rodeados de lo que se necesita para vivir. Este caso me conmovió porque lejos de ese ideal hay niños allí afuera, por todo el mundo, sufriendo hambre, dolor y necesidad.

Esta historia comienza con un hombre llamado Ivan Razumov manejando en el año 2015 por una autopista de Bielorrusia camino a su casa luego de una ardua jornada laboral. Él iba inmerso en sus pensamientos cuando a un lado del camino algo llamó su atención, algo completamente fuera de lo común en ese desolado paisaje, vio a una niñita de más o menos cuatro años de edad corriendo con esfuerzo. Era la situación perfecta para alguien que viviera al acecho de una presa fácil, de una potencial víctima.

Pero Ivan no era ese tipo de personas, afortunadamente, no era un maníaco abusador a quien la niña le hubiera parecido la víctima perfecta.

No, se trataba de un buen hombre que de inmediato se preguntó porqué una pequeña se encontraba sola corriendo al lado de una autopista y en vez de hacer lo que todos los demás hacían, actuar con indiferencia y seguir su camino, detuvo su auto y se bajó a hablar con la niña. Se acercó y le preguntó porqué estaba allí. Ella un poco molesta y prevenida le contestó que iba por un helado. Ivan no entendía bien la situación y por ello decidió seguir indagando, le preguntó cómo se llamaba a lo que ella contestó: “Zhenya… Fedorovich… Vladimirovna”. Él se sonrió por su respuesta pausada pero asertiva y le ofreció un poco de agua.

Claramente la niña estaba en malas condiciones, era muy delgada, tenía la cara y la ropa sucia y su pelito muy descuidado. En ese momento el hombre comenzó a darse cuenta que detrás de esa pequeña había un gran drama. La niña le dijo que llevaba corriendo más de dos horas, que se había caído y le mostró su bracito lastimado.

Le contó que sus padres estaban dormidos en casa y que ella ya no soportaba más el hambre y la sed y que por eso había salido para intentar llegar al pueblo más cercano y conseguir allí un helado. Eso era todo lo que la chiquita quería, un simple helado.

A Ivan le conmovió mucho su historia y verla en ese estado lamentable por lo que llamó a servicios sociales e informó la situación. Al cabo de un buen rato dos funcionarios llegaron y se llevaron a Zhenya al hospital.

El equipo de servicio social que atendió el caso logró dar con la ubicación de la casa de la niña que estaba a más de 15 kilómetros de distancia del punto donde fue hallada por Ivan. Cuando llegaron al lugar el panorama que encontraron era horrible.

La casa estaba en pésimas condiciones de mantenimiento y salubridad y en su interior se encontraban ambos padres de la niña, estaban completamente borrachos e inconscientes, incapaces de hablar e incluso de notar la presencia de personas extrañas…

Intentaron comunicarles que su hija había sido hallada por un extraño, caminando por la autopista y que actualmente se encontraba hospitalizada. Todo fue inútil, estos dos irresponsables les importaba poco la vida de su hija, sólo vivían para alimentar sus vicios y degeneración. Finalmente, servicio social estableció que eran unos incapaces.

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Durante los días siguientes al afortunado encuentro entre Ivan y Zhenya, él estuvo muy pendiente de la nena, averiguó donde había sido traslada y pidió permiso para visitarla. Cuando la niña lo vio, le dijo: “te estaba esperando”. Esto conmovió a un más al gentil hombre y del hospital partió de inmediato a la oficina del Estado para solicitar la adopción de la menor.

Fue un tramite lento, pero al cabo de varios meses al fin la niña pasó a ser parte de la familia de Ivan quien tiene otra hija, un poco mayor que Zhenya y que la acogió como su hermanita menor con gran alegría. La niñita se ve ahora completamente recuperada, más gordita y lo más importante: se ve feliz.

Tristemente muchos niños viven situaciones como esta, en que los padres no velan por su integridad y seguridad, los tienen sumidos en la pobreza y el abandono y sus vidas jamás cambian. Gracias a Ivan la vida de esta pequiñita cambió para siempre, él no la dejó en esa autopista a su suerte, por el contrario, la acogió en el seno de su familia y le permitió vivir la vida que todo niño merece, una llena de bienestar y amor.

Agradecemos enormemente el gesto noble de este buen hombre y esperamos que haya muchos más como él andando por el mundo, dispuestos a ayudar a alguna almita desamparada que lo necesite.

Fuente:(1)

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