Vendiendo tortillas niño hondureño mantiene a sus hermanos y continúa estudiando

Honduras, Tegucigalpa.- Aunque la historia se dió a conocer en el año 2014, ha vuelto a tocar corazones  por el gran esfuerzo que realiza el menor por sus hermanos, cuando se quiere, se lucha.

Cristian Steven Chávez Amador es un adolescente de 14 años quien se ha criado toda su vida en la pobreza, vive en una de las comunidades más violentas de Tegucigalpa, Nueva Suyapa y hace seis meses quedó huérfano; su vida gira entorno al trabajo, el estudio y sacar adelante a sus dos hermanos menores: Kevin Orlando de 10 años y Emilson Josué de 7.

En junio de este año falleció su madre, desde entonces para costear sus estudios y mantener a sus hermanos se dedica a elaborar y vender tortillas en su casa, en una pequeña cocina de madera y láminas de zinc.

Cristian también sabe el oficio de barbería, pero como no cuenta con suficiente dinero no puede comprar las herramientas que necesita para montar su peluquería. Aunque el joven dice que realiza una variedad de cortes de cabello, sin una máquina, una silla, un rociador, una secadora, unas tijeras y peines, se complica todo.

Cristian está convencido de que a través del estudio saldrá de la pobreza y podrá ayudar a sus hermanos, como no cuenta con recursos suficientes para asistir al colegio todos los días, se ha matriculado en un centro de educación a distancia donde cursa el primer año de secundaria y asiste a clases todos los sábados de la 1 a las 4 y media de la tarde, mientras que sus hermanos quienes cursan el cuarto y primer grado, lo hacen de lunes a viernes.

Aunque reconoce que su vida no ha sido fácil y ha sido dolorosa, aceptó su realidad y decidió dedicarse a fabricar tortillas porque a futuro se visualiza como “un hombre de bien” por ello no tiene tiempo para los vicios o para una novia, pues su prioridad es seguir estudiando y que sus hermanos lo hagan también.

El oficio de las tortillas lo aprendió de su madre, Lourdes Yamileth Chávez Amador, a quién ayudaba a voltear tortillas desde los siete años de edad, un trabajo que su familia realizaba desde que eran niños, como él, quien junto a sus hermanos fue abandonado por su padre.

Cristian recuerda a su madre con cariño, la considera una mujer ejemplar, dinámica, alegre, humilde y cariñosa. Falleció por una enfermedad el 17 de junio y confiaba en poder estar sana si tomaba el medicamento, por lo que adquirió una deuda que el joven paga actualmente con lo que sobra de su venta de tortillas.

El adolescente vive junto con 9 parientes más: hermanos, primos y tíos, considera la posibilidad de construir una casa para él y sus hermanos, sin embargo, fue estafado por un supuesto voluntario de una organización de beneficencia llamada “Manos Solidarias”, junto con otras 34 personas. Le robaron alrededor de mil 142 pesos mexicanos, en lempiras hondureñas fueron mil 800.

Para ganarse 200 lempiras o 126 pesos, tiene que fabricar 900 tortillas al día. Su ingreso bruto de producción es de 360 lempiras, a lo cual se le tiene que restar la inversión en maíz, leña y el pago del molino para la fabricación de la masa.

El muchacho afortunadamente es muy querido en su comunidad y cuenta con el apoyo de sus tías Olga y Tata. Pese a su corta edad no cree en los discursos políticos y confía en que una buena oportunidad le ayude a instalar sus barbería, además planea enseñarles a sus hermanos el trabajo para evitar que el ambiente de violencia los engulla.

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